Huna | Blog

13 de febrero del 2017

El tiempo del tiempo

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La aparición de los ciclos profesionales cortos, la rotación en busca de la polivalencia y nuevos desafíos ya no es una característica exclusiva de los jóvenes.

Con la incorporación de los millenial en el mercado laboral (algunos los llaman "Generación Y", es la generación que nació entre los años 80 y la pasada década y que creció en una era de rápido desarrollo de las nuevas tecnologías) se puso de manifiesto más crudamente una realidad que hace algunos años se sospecha tibiamente, y que es momento de reconocer: es tiempo del tiempo. Comienza una época donde el rendimiento individual y los resultados de equipo, estarán mucho más condicionados por el momento profesional, las perspectivas de futuro y los ciclos cumplidos de cada colaborador, que en el pasado.

Atravesamos un momento de dispersión histórica, nos resulta casi imposible poner atención plena en una sola cosa, y terminarla con calidad sin hacer clic en otro lado. Y esto responde a una percepción distorsionada del tiempo que vivimos, donde todo debe hacerse rápido y debe hacerse ya. Este escenario de urgencia, en combinación con algún nivel de auto-exigencia y responsabilidad que le agrega la persona, más la expectativa de productividad y resultados que propone la empresa, muchas veces se convierte en un combo explosivo.

A este ritmo, un año laboral parece una vida. Por los ciclos propios de la economía, que en ocasiones nos llevan de las narices en sus vaivenes, pero también por una impronta profesional personal que cada quién puede replantearse. No existe tal carrera contra el tiempo, no hay por qué correr.

Suelo pensar que la era de la información no ayuda en este sentido, presentando esa infinidad de datos desordenados y sin prioridades, vistiendo toda noticia de oportunidad. Nos aturde con posibilidades que ni siquiera sabemos si son ciertas para nosotros, y nos deja más o menos cerca, de la sensación de insatisfacción constante con nuestras elecciones.

La ecuación en simple, cuanto más información tenemos para procesar mayor es el riesgo de equivocarnos (por la sensación de estar dejando elementos fuera del análisis), por eso sube el costo de oportunidad de tomar una decisión. Por lo cual, enredarnos en la sobreinformación siempre disponible no sólo nos impide conectarnos con la actividad elegida, para lograr un nivel de maestría que nos permita disfrutarla, sino que también genera una tensión mental que fuga nuestra energía pensando en lo que “podría ser”.

Empieza el tiempo del tiempo y, con él, aparecerán nuevos desafíos en la gestión de la energía creativa de los equipos de trabajo. Serán más frecuentes las conversaciones sobre momentos  personales, la autopercepción y los proyectos de crecimiento profesional que las organizaciones ofrecen, para gestionar la motivación y compromiso de las personas.

En este contexto, líderes y referentes de RH se verán obligados a transformar su rol e incorporar habilidades conversacionales que los conviertan en armonizadores de estos elementos. Por que el desempeño ya no estará garantizado por las experiencias pasadas directamente, sino que se verá condicionado por el contexto de participación, disfrute y posibilidad que logremos generar en nuestras organizaciones.

De igual manera, será sano aceptar que como seres vivos evolucionamos, y cambiamos de preferencias a lo largo de nuestra vida. Y que las elecciones profesionales que durante mucho tiempo fueron ciclos largos, estuvieron más relacionados con el paradigma de lealtad y estabilidad, y con la falta de accesibilidad a la información, que con una decisión personal.

Entonces resulta esperable hoy, con un nuevo paradigma en el mundo del trabajo y pleno acceso a la información, que no sólo los millenial se permitan rotar con mayor naturalidad en distintas organizaciones, o puestos; sino también sus antecesores que, inspirados por la fuerza de la juventud, y adaptados a la idea de la red global expanden sus posibilidades.

¿Está preparada tu organización para migrar hacia este nuevo paradigma?

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