Huna | Blog

09 de mayo del 2017

Emociones: ¿Aliadas o enemigas?

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Las emociones nos acompañan a donde vamos y en donde estemos. Algunas favorecen nuestro desempeño y otras se convierten en verdaderos obstáculos para lograr lo que queremos.

El entusiasmo, la alegría, el interés, la paciencia nos permiten enfocarnos y crecer, nos hacen sentir bien. Pero hay otras como el enojo, el miedo, la frustración, que si no sabemos cómo gestionarlas pueden perjudicar no sólo nuestro desempeño y nuestras relaciones, sino incluso afectar nuestro cuerpo.

Aquí te proponemos algunos caminos para empezar a tomar el control de tus emociones y no dejarte atrapar por ellas. Empezá practicando estos recursos en algunas situaciones concretas; puede que al principio requiera un esfuerzo de tu parte pero luego se volverán habituales.

>> Desviar el foco de atención. 

La distracción es una técnica sencilla. Consiste en desvincularte de la emoción negativa centrando tu atención en otros pensamientos neutrales. Como cuando un chico está en medio de un berrinche y le sugerimos: “mirá este juguete”, “demos un paseo”. Así mismo para nosotros puede ser útil “sacarnos de la situación” y distraernos por unos instantes. De esta forma evitarás que la emoción ascienda en un espiral de intensidad y cuando vuelvas al asunto lo harás desde una perspectiva renovada.

>> Encontrar otro punto de vista de la situación:

Recordá lo siguiente: no es el hecho en sí lo que te genera la emoción sino tu interpretación acerca del hecho.

Veamos un ejemplo: “Mi jefe no dijo nada acerca del trabajo que hice.” Ése podría ser un hecho. Sin embargo lo que te genera frustración no es el hecho en sí, sino tu interpretación sobre el mismo, la cual podría ser: “No le importa” “No valora mi trabajo”.

Entonces podemos ensayar otros puntos de vista para la misma situación. Pensar que quizás “no se dio cuenta”, “no acostumbra a hacer cumplidos”, “no piensa que es importante”, “está preocupado por otro asunto”, serían otras opciones para esta situación. ¿Se siente diferente?

Sea cierto o no, ya ganaste algo: suavizar la emoción inicial y poder conversar con otros recursos disponibles.

>> Hacerte responsable:

Cuando estamos atrapados en una emoción solemos pensar que las circunstancias no pueden cambiar, que las cosas son así o que los demás me hicieron tal o cual cosa. Eso nos deja a merced de los acontecimientos externos y victimas de la situación. Sin embargo podemos tomar responsabilidad y preguntarnos: ¿Qué puedo hacer yo en este caso? ¿Qué opciones tengo? ¿Qué alternativas dependen de mí? Ensayá una pequeña lista de tres opciones que podrías intentar y fíjate cómo se siente.

Luego de estas opciones: ¿Qué peso elegís darle a tus viejas emociones? ¿Vas a enfocarte en el problema o en la solución?

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