Huna | Blog

05 de octubre del 2014

Los roles implícitos

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Las distintas representaciones que podemos hacer de nosotros mismos son tan variadas como reveladoras, aunque seamos siempre los mismos. Como seres sociales, nuestros días se encuentran  compuestos de relaciones interpersonales diferentes, que se dan en diferentes contextos en cada uno de los cuales asumimos distintos roles. Algunos de éstos explícitos como ser padre, jefe o subordinado, que están a la vista de todos y son fácilmente identificables y otros son implícitos, donde las posiciones no se declaran, pero todos coinciden al momento de definirlos. Si deseáramos saber quién es el cerebral de un equipo ó la persona racional, emocional o el más crítico, así como también quién es el que le imprime la cuota de alegría obtendríamos quizá unanimidad al respecto, estos son los roles implícitos y se definen en la frecuencia de las propias interacciones.

En el plano laboral, la sumatoria de estas asignaciones tácitas puede impactar en el desempeño de un equipo de trabajo condicionándolo a su disposición, por lo tanto, lo ideal sería contar con las personas que aporten la variedad suficiente para lograr una visión integral e integrada al momento de analizar un mismo elemento, desde todos los posibles puntos de vista. En este contexto, los rasgos de personalidad pueden tomar mayor relevancia ya que condicionan nuestros comportamientos y definen nuestra posición. Así es que asumimos diversos papeles dependiendo de la persona con la que nos relacionemos, y del objetivo que busquemos en la interacción, pudiendo de esta forma llegar a ser todas las piezas en un tablero de ajedrez, dependiendo del entorno.

Nuestra definición de personas sociales está, mayormente, influenciada por los atributos de nuestra personalidad, que van más allá de un hecho concreto y, en cierta forma, nos definen. Ser exigentes, solidarios, pacientes, equilibrados son algunos de los ejemplos de características personales considerados como provechosas en el trabajo con otros; de la misma forma que ser indulgente, egoísta, impaciente o desequilibrado en un equipo de trabajo es perjudicial para la performance a largo plazo de éste. Son estos aspectos de personalidad los que podemos llegar a identificar en los roles tácitos que adquirimos.

Probablemente sintamos la necesidad de repasar con el texto cada uno de los papeles asumidos, posturas tomadas, o los aspectos aparentemente dados, y tal vez encontremos –o no-, determinadas conductas que no son representativas de nuestra esencia y fueron simplemente adquiridas en un ambiente específico. La oportunidad, inherente en estas consideraciones, radica en reencontrarse con uno mismos tiempo después y revisar antiguas posturas, que son el resultado de determinados estímulos ya viejos. El entorno, las condiciones e incluso nosotros mismos podemos haber cambiado, por lo tanto quizá el rol ya esté caduco y no sea correspondido con la nueva realidad. Quedar atrapados en la inconsciencia de nuestro marco de acción puede hacernos actuar como quienes fuimos y ya no somos, puede dejarnos presos de un valor circunstancial, e incluso impotentes frente a un contexto que evoluciona. Tener influencia en la definición de nuestro locus de control haría toda la diferencia.

El presente texto propone repensarse tomando como punto de partida la revisión de los roles implícitos que adoptamos en los diferentes grupos de los que formamos parte, como señal de alerta, e identificar patrones de comportamiento que tenga su raíz en nuestro ser, como primer paso válido. Nuestra esencia puede manifestarse a través de nuestras actitudes y comportamientos, la ventaja que brinda revisarlos en las relaciones interpersonales es que podemos llegar a reconocer conductas imperceptibles en análisis estáticos y aislados.

Como en los análisis introspectivos, no se trata de obtener la información solamente sino lo que puede definir el  éxito, en este caso, es la capacidad de considerar esos datos como materia prima de un nuevo y más complejo proceso de evolución personal.

El eje de análisis serán aquellas características que puedan identificarse a través de la evaluación de los roles implícitos que, en cierta forma, nos definen en la relación con los otros, para realizar una nueva elección –esta vez consciente- de quién queremos ser y quién no, permitiéndonos desafiar lo establecido o lo dado por default.

 

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