Huna | Blog

05 de octubre del 2014

Decisiones

Compartir
FacebookTwitterGoogle+


Para reflexionar sobre las implicancias de nuestro proceso decisional es condición necesaria estar dispuesto a revisar el procedimiento que cada uno utiliza para la toma de decisiones consciente. Me refiero a aquellas elecciones que nos desvelan, las que tardamos en tomar, y las que, si de verdad nos detenemos a analizar, erizan la piel y nos generan miles de sensaciones. Pero sería una lástima no hacer una fugaz mención sobre lo mundano de las decisiones.

Naturalmente, las decisiones son parte de nuestra vida, tal es así, que cualquiera puede suponer que tomamos muchas elecciones por día, aproximadamente más de 200. Si quisiéramos recordarlas, y tratáramos de enumerarlas no recordaríamos ni siquiera un cuarto de ellas. Desde la elección de levantarnos de la cama hasta la de acostarnos, podemos tomar decisiones efímeras, relativamente sustanciales y algunas veces importantes, con la misma automaticidad y displicencia. 

Como resultado de un histórico de decisiones, nuestro inconsciente se adueña de la mayoría de las elecciones diarias, y no necesitamos analizar escenarios ni buscar alternativas, cuando nos queremos acordar, la decisión ya está tomada. Y no se trata de malas elecciones, sino de decisiones poco relevantes y habituales que nos programamos para resolver, como forma de relativizar el desgaste mental que puede generar realizar el proceso completo, tantas veces al día.

Ahora bien existe otro campo poco explorado por algunos, que es al que quiero llegar: las decisiones importantes y únicas, que tienen que ver con nosotros, las que definen quién y qué somos. ¿Alguna vez pensaste cómo es tu proceso de toma de decisión en éstos casos? El modo de operar aquí debiera no ser el mismo de los casos anteriores, ni rutinario, ni automático. Idealmente debiera ser un proceso consciente, profundo y analítico del cual seamos dueños y mantengamos un relativo control. Como primera medida reconocer que algunas de estas decisiones tienen el poder de cambiar el rumbo que elegimos para nuestra vida y que tienen carácter definitorio, por lo que necesariamente debemos evaluarlas como tal. Para tomar real consciencia debemos sumar al análisis habitual, la abstracción del hoy y ahora, que es siempre condicionante. Esa abstracción es la que nos permite viajar en el tiempo hasta nuestros sueños personales más genuinos, sentirlos reales, y poder actuar en el presente para alcanzarlos. Para esto necesitamos mantener una constante vista panorámica de las situaciones de decisión, es decir, no solo considerar el universo de variables que intervienen sino también su potencial impacto en nuestra visión personal, en lo que queremos ser a futuro. Hasta aquí, nada que no hagamos todos ¿?. Pero aún resta lo más difícil de componer en este esquema, él último y más complejo eslabón requiere que, además, todo esto tiene que tener sentido para el hoy y ahora.

Aunque parezca complejo y hasta contradictorio, debemos desarrollar esta gimnasia, que nos permite coordinar el ejercicio de tomar distancia y darle sentido a las acciones o elecciones cotidianas, en pos de algo más grande: nuestra visión personal.  Lo que realmente y en la práctica define nuestro accionar, es el sentido que puede tener algo para nosotros hoy, por eso es fundamental la relevancia que podamos darle a ese futuro deseado. ¿Estás seguro de conocer el motor de tus decisiones de largo plazo?

Alguna vez leí que venimos a esta vida para dos cosas, morir y tomar decisiones. Si a eso le sumamos que, en definitiva, somos el resultado de las decisiones que tomamos, entonces deberíamos elegir ser más conscientes de lo que somos, a partir de esas decisiones. 

1 Comentarios

  • "tomar distancia y darle sentido a las acciones o elecciones cotidianas" creo que es una de las cosas más difíciles que hay, por que implica saber previamente ¿qué cosas tienen sentido para nosotros, y qué cosas no?, por ahí deberíamos empezar.

Comentar