Huna | Blog

08 de octubre del 2014

La subjetividad del tiempo

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Pienso en la trampa que nos propone el tiempo y como puede, con sus artilugios llevarnos de las narices o ser implacable pidiendo cuentas. Es que cuando me detengo a reflexionar veo gente abatida por lo rápido que la vida le arrebató su momento de gloria, por la injusticia del propio ciclo de la vida y la llegada de la muerte, como si no hubieran sido dueños de su propio destino. Después pienso en quienes, tomando mayor consciencia de las implicancias de las cosas, sienten la presión mental de tener que lidiar con el peso de cada decisión, su alcance y consecuencias, lamentando que al final siempre son imputables.

La paradoja del tiempo tiene que ver con la aparente contradicción que supone el paso del tiempo para unos y otros, aquellos que avanzan impunemente señalando las decisiones ajenas y que encuentran en el baúl de juicios sentenciados muchos momentos y días, que se convierten en años que al final ellos mismos etiquetan como perdidos. Del otro lado, lo que es el tiempo para quienes evolucionan con una perspectiva humilde y considerada de sí mismos, de los demás, del todo. Para estos últimos el tiempo se asemeja mucho más al amor, por que si no se tiene no existe, por que si no se da, no vuelve. Por que entregar el tiempo, para los más claros, es un acto de generosidad que no se ve, pero se siente.

Quienes guardan su vida para sí mismo, al contrario de tener y acumular tiempo lo pierden y al final del camino quizá sientan que le han arrebatado algo y se le ha escapado la vida, que ha perdido el amor que significa dar, aunque hoy parezca lo contrario. Y es quién se entrega, en cada oportunidad a la sabiduría de su esencia, dando sin complacencias quien más tiene y tendrá, por que no importa el tiempo sin sentido, importa más bien el sentido que le damos al tiempo.

 

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