Huna | Blog

16 de junio del 2016

¿Para qué querría meditar yo?

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Yo no soy cool, ni sigo las tendencias new age, para mi al pan pan y al vino vino, las cosas por su nombre. Soy católico, carnívoro y me pone de los pelos el futbol y la política, como que sacan lo peor de mí. Podría decir que soy un tipo pasional.

Quizá nunca te hayas hecho esta pregunta, tal vez esta sea la primera vez que te tomas el tiempo para saber más sobre meditación –y ya tenés el cursor de la computadora sobre la cruz para cerrar esta insoportable ventana, por que no te interesa en absoluto. También es probable que ya sepas algo sobre esta milenaria práctica e incluso la practiques periódicamente, y disfrutes de sus virtudes. Mi intención al escribir estas líneas es que todos, fans y detractores, tengan al terminar la lectura otra propuesta sobre lo que es meditar, y quizá una nueva perspectiva sobre lo habitual de esta práctica en sus rutinas diarias y las bondades de ser consciente al hacerlo.

Entendemos que meditar es depositar la atención en algo que estimule el ser que quiero ser. 

Esto nos propone varios desafíos, ya que conceder la atención genuina a algo, sea una persona, un sonido, una imagen, o alguna otra cosa, implica depositar el poder en esa cosa. Soltar la ilusión de poder que tenemos sobre las cosas nos libera, nos equilibra y nos relaja, por lo que esa atención que yo concedo, me devuelve un estado emocional interior diferente al que tenía hasta ese momento. Me conecta a mí con el momento. Ese estado de presencia, donde logro conectarme incondicionalmente con el aquí y ahora, no se da en el tiempo cronos. El tiempo allí no reconoce sus reglas, un minuto o una hora da igual.

Igual de importante que permitirse entrar en este estado contemplativo, resulta tener en claro el Ser que quiero ser. Si no tengo en claro, por ejemplo, que lo que quiero lograr en mi vida es paz, serenidad y plenitud, difícilmente encuentre la forma de perseguirlo. Tu mente y tu realidad exterior están en constante flujo, por eso continuar pensando de camino a casa en los problemas del trabajo, es una forma de meditar.

De igual manera, podemos encontrar en nuestra rutina personas que generan en nosotros el estado emocional que buscamos (siguiendo con el ejemplo, paz, serenidad y plenitud) y cuyas conversaciones resultan meditativas para nosotros, la atención que depositamos en el tono de voz de nuestro interlocutor  estimula en nosotros el estado emocional que buscamos. Como puede ser que encontremos en nuestro camino, personas que favorezcan un estado emocional opuesto (según nuestro ejemplo intranquilidad, insatisfacción o ira), cuya energía vibratoria nos aleje de nuestro objetivo. De igual manera, programas de televisión, canciones, sonidos, imágenes, la lectura de un libro, son todos estímulos que pueden conducirnos al ser que quiero ser.

Una práctica meditativa podría ser mirar el fuego arder, si eso te inspira paz y ese fuese tu objetivo. Yo no soy el fuego, pero soy con el fuego. Yo no soy aquello en lo que pongo mi atención, pero eso me devuelve un estado interior particular.

La pregunta no sería ¿Para qué querría meditar? sino, ¿sobre qué querría meditar yo?

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